Antes de sentarse a hablar de SDKs y endpoints, conviene tener claro qué problema se está resolviendo. La primera consulta rinde mucho más cuando el equipo llega con un caso de uso definido: no hace falta el detalle técnico final, pero sí saber si lo que se busca es verificar a un usuario en el registro, en cada acceso o en una operación sensible.
También ayuda revisar qué dispositivos usan los clientes finales. La captura de una selfie en un teléfono gama media con poca luz no se comporta igual que en un equipo reciente. Si la aplicación ya está en producción, conviene tener a mano las versiones de sistema operativo más comunes y el porcentaje de usuarios que entran desde web.
Otro punto que suele acelerar la conversación es el volumen esperado. No es lo mismo preparar una integración para cien verificaciones al día que para miles en horario pico. Con ese dato, la conversación pasa rápido a temas de caché, balanceo y tiempos de respuesta, en lugar de quedarse en la teoría.
Por último, conviene definir quién toma las decisiones del lado del proyecto. La integración toca backend, frontend y probablemente el área de cumplimiento. Si en la primera reunión están las personas correctas, el siguiente paso suele ser una prueba de concepto con datos reales y no otra reunión para repetir lo mismo.